¡Otra
entrega fenomenal!!! Esta vez del cuarto libro de la saga de “Los Anladuins”: La
sangre del elegido. Ahora nos toca viajar a Profundis, en las
profundidades insondables del océano, donde la luz del sol se desdibuja y
pierde su eterna batalla con la oscuridad más absoluta… Allí donde la vida es
casi improbable, sin embargo, se erige una fantástica civilización submarina.
¡Espero que les guste!!!
De la Saga
de Los Andaluins
Libro 4to:
La Sangre del Elegido
Cap. 11: El
Gresco
…Billven caminaba por los angostos y solitarios callejones de
El Gresco, el barrio bajo de Profundis. Por causa de la restricción de energía
que se estaba haciendo, la mayoría de las farolas de las vías públicas se
encontraban apagadas, por lo que reinaba una cierta la oscuridad, cortada
solamente por algunas, ubicadas en las esquinas, y las pocas luces encendidas
de algunas viviendas. En esas condiciones, a Billven le resultaba muy difícil
orientarse y pronto se sintió perdido.Había
decidido ir solo a ese barrio a investigar un poco y a saludar a su coterráneo,
que sabía frecuentaba aquella taberna, mientras Gol Ank Nut realizaba algunas
averiguaciones. Profundis era una urbe relativamente segura, y si bien estaba
en el sector más peligroso, no consideraba que pudiera correr algún riesgo.
Además, él estaba acostumbrado al peligro y a nada le temía. Pero había quedado
en reunirse en el destacamento de la guardia metropolitana con su amigo
sirenniano más tarde, y ahora, a la luz de la nueva información obtenida, le
urgía hacerlo para tomar medidas urgentes de control, en el puerto de la
ciudad.
Llegar
hasta allí no le sería fácil, el edificio de la guardia se encontraba en otra
burbuja secundaria y se hallaba, realmente perdido.
El frío
aumentaba la sensación de desolación que reinaba en las calles. Caminó por un
rato, sin percatarse que era seguido de lejos, por cuatro seres de las
profundidades: dos eran sirennianos, de la casa Russ y los otros dos..., sólo
el Gra Ädor sabe a qué raza pertenecían.
De pronto
sintió voces, y se dirigió hacia allí, pero al llegar a la esquina lo que vio,
le hizo retroceder y ocultarse detrás de unos bultos: era el Capitán Nemo
hablando con un Pulponio... La oscuridad le había permitido acercarse sin ser
visto, y estaba lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación.
-Tiene que
ser esta misma noche –dijo el cara de tentáculos –y le extendió una bolsa llena
de rubinos.
-Pero...
No pudo
seguir escuchando, un ruido apagado se dejó sentir a sus espaldas..., había
algo moviéndose. No podía ignorarlo, tenía que ir a ver. Caminó sigilosamente,
en guardia..., podía sentir el peligro. Se topó con un montículo de una especie
de masa informe, aunque no podía distinguirlo. Giró rápidamente, alertado por
sus instintos afinados en cientos de batallas, para encontrarse con los dos sirennianos,
que ahora con todos sus terminales de luz corporal encendidos se destacaban
perfectamente en medio de la oscuridad. Los gestos en sus caras y sus miradas,
le revelaron que estaba en real peligro. Se preparó para enfrentarlos, cuando,
el montículo con el que se había topado, y que ahora se encontraba a sus
espaldas, pareció cobrar vida creciendo hasta sobrepasar la altura del hombre y
se echó sobre él envolviéndolo por completo hasta hacerlo desaparecer..., como
si se lo hubiera tragado...
La perversa
figura se encontraba frente a la estufa, donde unos gruesos leños negros ardían
con fuerza. Parecía que le hablaba a las llamas, que no calentaban el cuerpo
pero quemaban el alma...
-Todo está
saliendo según nuestros planes, Malevosidad Suprema. Pronto todos los elementos
estarán reunidos y sólo quedará esperar el día indicado.
-Nada puede
fallar Roggnar, sabes lo que está en juego. No te perdonaré un fracaso –dijo
una voz que salía de las llamas. Al hablar se formaba en las lenguas de fuego
la silueta del rostro del amo y señor del mal, y cuando dejaba de hablar
desaparecía entre ellas. –Sabes lo que puedes ganar, también lo que puedes
perder... No te saqué del agujero donde estabas para permitirte otro fracaso.
Aún puedo enterrarte mucho más profundo.
-No
fallaré, mi Malignidad Máxima. No volveré a repetir mis errores... –unos
fuertes golpes en la pesada puerta le dieron al hombre una tregua de la intensa
conversación.
- ¡Adelante!
–vociferó.
-Pe permisooo,
mi señor Perverso –dijo el hombre que golpeara la puerta. Era nuevo y había
sido destacado a trabajar para Roggnar, hacía tan sólo unas horas.
-Espero que
tus noticias sean buenas, lacayo... Lo espero por tu bien.
-Eso eso
creo, mi...
- ¡Habla de
una vez!
-La la las
piedras azuzules, mi señor. Están en camino hacia aquí.
-Bien,
avísame en cuanto lleguen. Ahora vete.
-Es que...
- ¡Qué!
¡Qué más!
-Ti ti tienen
a Billven.
- ¿A
Billven? ¡No será esta, otra falsa noticia, ¿verdad?! ¿Recuerdas lo que le pasó
a tu antecesor cuando vino con la noticia de que los chicos estaban por ser
eliminados y después no fue así?
-Si...,
sisisi. Lo lo recuerdo pe perfectamente –y quizás nunca conseguiría olvidarlo.
Roggnar lo había eliminado en frente de todos, como escarmiento para quienes le
fallaban. –Pe pero ya lo verifiqué. Es...tá en manos de unos aliados a nuestra
causa en Profundis...
- ¡Que
maravillosa noticia! Esto no me lo esperaba... Dos golpes en uno. Finalmente,
el sino parece estar de nuestra parte. Esto es un buen augurio.
- ¿Qué qué
hacen con él?
- ¡Que lo
eliminen, lo destruyan! ¡Que lo pulvericen...! No importa lo que hagan, pero
que sufra... ¡Ahora vete! –y se acercó nuevamente a la estufa y rió - ¡Jajajajaja!
-Aún faltan
los muchachos, Roggnar. Sólo cuando ellos sean eliminados estarás seguro... Sólo
entonces podrás reír...
No fue sino
hasta varias horas después, que despertó. Le dolía todo el cuerpo. No recordaba
muy bien los últimos acontecimientos, pero sí que habían sido traumáticos.
Trató de incorporarse, pero una bota en su pecho lo aplastó contra el piso. Era
uno de los sirennianos, detrás de él estaba el otro y los dos extraños seres.
Uno era una especie de masa de alquitrán con forma humanoide, pero grotesca y
el otro, una especie de langosta gigante, del tamaño de un caballo.
-Finalmente
ha llegado tu hora, Billven. Y no se me ocurre una muerte peor que ésta –dijo
el que lo pisaba, señalando sobre su cabeza.
Billven
giró y con terror vio que se encontraba al borde del abismo sin fin...
El abismo sin fin... quizás el lugar más
profundo de los océanos de la tierra. Tanto que ni los propios sirennianos ni
otros seres abisales, se aventuran en sus profundidades. Muchas leyendas se
cuentan de él y de las criaturas que habitan esas increíbles profundidades. Se
dice que atraviesa a la tierra de lado a lado comunicando los dos grandes
océanos, se dice que es la morada de la bestia más maléfica que surcó alguna
vez la superficie de los mares: Leviatán, quién fuera vencido en feroz batalla
por el Dios del mar Godýmar, y confinado en el pozo más profundo de la tierra.
Mucho se dice, nada se sabe y los pocos intrépidos que se aventuraron alguna
vez en sus profundidades, jamás volvieron. Lo único cierto, es la existencia de
una extraña corriente que arrastra todo lo que queda a su alcance, dentro del
abismo.
Cuando se
construyó El Gresco, estaba a unos kilómetros del borde del abismo, pero éste
avanza sobre Profundis, a un ritmo lento pero firme, con infinidad de derrumbes
y deslaves. Y había alcanzado ya el extremo sur oeste de ésta burbuja,
desfondando una pequeña superficie del suelo, de aproximadamente trescientos
metros cuadrados, y brindándole a éste barrio de insurgentes un acceso al
mismo, desde adentro de la ciudad.
-Tuvimos
que esperar a que despertaras... ¿De qué sirve dar una horrible muerte, si el
beneficiario de la misma no está consciente para sufrirla? –dijo relamiéndose.
–Pero el momento ha llegado...
Antes de
que terminara de hablar, buscando el factor sorpresa, Billven golpeó a su
opresor en la entrepierna para luego sacárselo de arriba, con otro gran patadón.
Enseguida los otros tres se le fueron al humo. Billven sabía que su única
oportunidad era tomarlos de a uno, jamás podría con los tres al mismo tiempo.
Se focalizó entonces en quién parecía el más accesible: el segundo sirenniano,
y mientras giraba en el aire para evitar ser alcanzado por un chorro de
alquitrán que el ser amorfo le tirara, se agachaba para evitar un golpe de
tenaza del crustáceo-pensante, arremetió contra éste. Utilizando antiguas
técnica orientales aprendidas en un monasterio japonés, luego de girar hacia
atrás, le propinó un feroz golpe con el talón de su pierna derecha, en medio
del pecho, lanzándolo varios metros más atrás. Sin esperar las reacciones de
los otros, como un león hambriento, siguió a su presa y dando vueltas en el
aire lo alcanzó justo cuando se incorporaba. Le propinó entonces una incontable
andanada de golpes en sólo un par de segundos, luego giró dándole la espalda y
enfrentando a los otros dos enemigos, sabiendo que éste, estaba definitivamente,
fuera de combate. Mientras el Sirenniano se desplomada al suelo, Billven
arremetió contra el crustáceo. No es que fuera el más fácil de los dos que
quedaban, pero..., ¿cómo se combate a un montón de alquitrán? Con un salto
sobre la cabeza de la enorme langosta, logró montarse en su lomo y tomando sus
dos antenas intentó dominarla. Pudo sentir su chillido de dolor, eran sus
antenas sensoras, a pesar de tener ojos, este ser parecía recibir mucha
información a través de sus antenas, que resultaron ser muy sensibles. Billven,
entonces las ató entre ellas y se bajó de un salto. La criatura, desorientada
iba de aquí para allá sin poder sincronizar sus movimientos. Era el turno del
ser amorfo..., lo buscó con la mirada, pero no lo encontró... ¿Habría huido? No
se percató de que parte del piso se había teñido de negro y que, además, él
estaba parado sobre éste. La maleabilidad del ser amorfo le permitía
transformarse en cualquier cosa, incluso para licuarse y formar una delgada
capa sobre el suelo. Tarde notó que el piso se había vuelto pegajoso y que una
sustancia negra, subía rápidamente por sus pies aprisionándolo... ¡Estaba
atrapado!
La
sustancia alquitranosa se escurría sobre él que estaba ya, completamente
embadurnado y sólo su cabeza quedaba fuera del ser de alquitrán. Si bien se podía
mover y se veían sus brazos tratando de emerger de la criatura, no había forma
de desembarazarse de él... ¡estaba perdido!
- ¡Aguanta
amigo! –gritó Gol Ank Nut al llegar en su ayuda. Traía una especie de
pulverizador y con éste roció, primero la cabeza de su amigo, y a medida que la
pastosa criatura se disolvía con gritos de dolor, el resto de su cuerpo.
-Es lo que
en la tierra se conoce como diluyente –dijo mientras auxiliaba a su amigo. –En
cuanto vi que no llegabas salí en tu búsqueda, y cuando me enteré de que había
un Alquimorfo rondando, me traje esto por las dudas, es lo único que puede
detenerlos –y continuó rociándolo mientras éste se diluía por completo. Luego
volvió a mirar a Billven que estaba limpiándose los últimos restos de
alquitrán.
- ¡Cuidado
atrás, Billven! –gritó al ver que, a espaldas de su amigo, el primer Sirennio,
recuperado, se aprestaba a darle un golpe fatal, con una especie de cimitarra.
Billven por puro reflejo lanzó una patada de coz que alcanzó a su atacante en
el estómago y lo lanzó varios metros, con la mala suerte que cayó al agua y fue
atrapado por la corriente que lo succionaba hacia el fondo del abismo sin fin.
“¡Aaaahhhhh, ayuda!” Alcanzó a gritar antes de ser tragado por el agua. A pesar
de que intentaron rescatarlo, nada pudieron hacer por el desdichado, del
terrible fin que, seguramente, le esperaba miles de metros más abajo.
- ¡Fue
Nemo! –dijo Billven enseguida –él robó las piedras y piensa sacarlas de
Profundis en el Nautilus.
- ¡Vamos!
Corramos al sub-puerto. Quizás aún esté allí.
Tras la
alocada carrera llegaron al sub-puerto sólo para constatar que el Nautilus ya
había zarpado, y lo había hecho hacía ya un buen rato. No había forma de
saberlo con precisión ya que la ciudad de Profundis había comenzado a vivir en
la penumbra constante y como los artefactos de medición del tiempo funcionaban
con la misma energía, éstos tampoco funcionaban.- ¡Demasiado
tarde! Y no hay forma de seguirlo, el Nautilus es el vehículo submarino más
rápido que existe.
Una vez en
el templo, reunidos con los notables de la ciudad, Billven y Gol Ank Nut
explicaron lo que habían descubierto.
-Está claro
que el Capitán Nemo robó las piedras. Tiene la tecnología como para burlar
cualquier sistema de seguridad y como para descubrir los antiquísimos túneles
que comunican con el gran estanque. Acaba de zarpar con su submarino llevándose
las piedras de Profundis –dijo el humano. –En el mundo submarino, estas
extrañas rocas sólo tienen valor para los Sirennianos, en la producción de
energía. Hasta dónde sabemos, es la única raza que produce su energía de esta
forma y que por lo tanto ha desarrollado una tecnología específica como para
hacerlo...
-El asunto
entonces es saber por encargo de quién, este malhechor, se robó las piedras –se
preguntó el soberano.
- ¿Cómo por
quién? Está claro que San Gui Nut está detrás de todo esto –acusó Ta Bar Nut,
líder de la Casa Kwal. –Nemo trabaja para él y es sabido que quiere tomar el
poder de Profundis. Una crisis como ésta puede provocar una revolución y quién
tenga las piedras puede reclamar el poder para sí.
-No..., yo
no tengo..., nada que ver –se defendió titubeando, el líder de la Casa Phara.
Estaba muy comprometido y todo lo señalaba a él y su casta. Sin embargo, fue
Tal Pal Nut, quién lo auxilió en medio de los murmullos y las acusaciones.
- ¡Calma...,
calma! ¡sirennios del consejo, tengan calma! El hecho de que los Phara quieran
el poder no los hace culpables..., ya que las otras castas también lo ansían
desde hace el mismo tiempo, o quizás más.
–¡Eso! –se
le escuchó decir a San Gui Nut.
-Tahl,
Phara, Kwal –prosiguió Tal Pal Nut –cualquiera de éstas Casas desea el poder
desde la fundación misma de nuestra civilización, por lo tanto, si el fin es
desestabilizar el gobierno, todas son sospechosas –y ante la nueva oleada de
murmullos, insulto y pedidos de retractación, volvió a pedir calma. –Por el
momento creemos que ninguna Casa está detrás del robo, y si bien Billven fue
atacado por elementos de la Casa Russ, pensamos que Reh Vol Nut tampoco tiene
que ver en este asunto.
-Por lo que
veo, no tienen muchas pistas –dijo ahora San Gui Nut, recuperando el valor.
-Sabemos
poco, es cierto. Pero creemos que el Capitán Nemo actuó sólo o bien por encargo
de algún ser de la superficie. Parece ser que nuestras piedras azules tienen un
valor que desconocíamos, en el mundo oxigenado. El hecho de que hayan sacado
las piedras de Profundis no hace más que apuntalar esta teoría. Ningún
sirenniano en sus cabales lo haría sabiendo que luego, con toda la conmoción
causada, volver a ingresarlas a la ciudad resultaría quizás, más difícil que
haberlas sacado, con todos los dispositivos de seguridad y control que se
establecerían.
- ¡Entonces
estamos perdidos! –exclamó La Call Nut, líder de la Casa Tall –Sólo quedan
alrededor de treinta días más de reserva..., y eso si sólo producimos oxígeno.
Encontrarlas en Profundis ya era una tarea difícil, hacerlo fuera de él,
imposible.
-Nada es
imposible, La Call –dijo Gol Ank Nut-. Usted debería saberlo, pero no será
sencillo, es cierto. Ya hemos salido a rastrear el rumbo que tomó el Nautilus,
un submarino como ése, no pasa desapercibido y ya estamos recibiendo
información: el último dato lo ubica cerca de las costas de Madagascar y yendo
hacia el oeste. Una vez en tierra, Billven intentará encontrar, recuperar y
traer de vuelta las piedras, yo le ayudaré, aunque aún tengo que resolver cómo
hacerme pasar por humano. Un ser como nosotros, aunque sin cola fuera del agua,
llamaría mucho la atención en el mundo oxigenado.
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