Como lo prometido es deuda, en esta entrega dejamos de lado el género del terror, para adentrarnos en el drama… El drama romántico si se quiere.

 

Desde tiempos inmemoriales el hombre se ha afanado en buscar cual es aquella característica que mejor nos diferencia de los animales… Que no se pueden reír, decían algunos…, que no pueden soñar, afirmaban otros… Que la memoria, la capacidad de organizarse o el lenguaje… Pero a medida que más sabemos de ellos, más rápido caen aquellos paradigmas que antes nos parecían indiscutibles. Luego se dijo que lo que nos hacía diferentes, era nuestra capacidad de amar… Déjenme decirles que yo fui testigo del desenlace de la historia que estoy por contarles y que demuestra que los animales son capaces de grandes demostraciones de amor…, y también, de sufrimiento…

 

Amor con alas.

 

Volaba con una gracia indescriptible, no había en el cielo ave que surcara el firmamento como ella lo hacía. Si hasta los grandes voladores, como las águilas, admiraban su elegancia y llegaban a quedarse un buen rato sobrevolando en las alturas deleitándose con el espectáculo que la bella Galadia regalaba con su vuelo grácil, delicado y armonioso. Estábamos seguros, las aves de rapiña habían decretado aquella zona vedada para la caza por miedo a que por error, en medio del fervor de una cacería, ella pudiera quedar herida.

Verla cruzar el aire con sus alas desplegadas, para recogerlas de pronto y caer en una vertiginosa picada sobre los árboles atravesando el follaje frondoso y verde, apenas esquivando sus ramas y provocando un torbellino de hojas esmeralda tras su paso, dando giros imposibles y haciendo piruetas increíbles con el cielo azul como telón de fondo bastaba para que todos los machos de la bandada estuvieran enamorados de ella. Y yo también lo estoy…, pero con una diferencia que no es menor…, ella me corresponde sólo a mí, y eso me convierte en el ave más afortunada del mundo.

Nos conocemos desde muy chicos. Nacimos en nidos contiguos y nuestras madres cuchicheaban sin cesar. Yo rompí el cascarón semanas antes y la ayudé a romper el suyo al ver que todos sus hermanos piaban ya por alimento y ella aún no daba muestras de salir del suyo. Ya en ese momento me deslumbró la belleza de sus ojos, claros como el cielo durante el amanecer, delicados como las nubes de la primavera y con unas pestañas tan largas... Incluso ayudé a alimentarla a pesar de que no había pulido aún mis artes de vuelo, artes debo decirlo, en las que nunca me destaqué especialmente…

Desde el primer día mostró un interés muy evidente en las habilidades del vuelo y se pasaba horas mirando cómo lo hacían los adultos. Yo aprovechaba mi mayoría intentando impresionarla con mis conocimientos superiores pero sólo alcanzaba a hacerla reír con mis tropezones y mis aterrizajes forzosos. Incluso sus piidos de alegría eran música celestial en mis oídos, por lo que no me molestaba que se riera de mí.

Cuando las plumas cubrieron su cuerpo, su belleza se hizo más evidente y entonces estuvo pronta para intentar el primer vuelo, junto a sus hermanos. En ese momento tan especial para nosotros los pájaros, a veces nos invaden los miedos, las dudas…, pero sin embargo ella no dudó ni un instante, y ante el estupor de sus padres, hermanos y el mío propio, se lanzó al vacío dejándose atraer por la gravedad de la tierra para segundos antes de estamparse contra el suelo, abrir sus gloriosas alas y hacer un vuelo rasante contra el suelo, y comenzó a volar como si lo hubiera hecho durante toda su aún, corta vida.

Desde entonces no nos separamos jamás. Nadie la conoce como yo y nadie me conoce tanto como ella. Todo me lo cuenta y no tengo secretos que ocultarle. El amor surgió naturalmente y ya no concebimos la vida de uno sin el otro. Obviamente que mis artes en el vuelo mejoraron y soy bueno haciéndolo, pero jamás osaría compararme con ella, y soy el espectador mas entusiasta cuando se deja llevar por el alma del viento. De alguna forma me siento también parte de su magia, yo siempre la apoyé, la estimulé e incluso la aconsejé en la forma de cómo mejorar su técnica de vuelo, aunque eso fue hace muchísimo tiempo. Ya no me siento capacitado para criticarle nada ya que lo hace a la perfección. Mi amor por ella crece día a día y también mi admiración, y aunque ella esté a otro nivel sigue siendo la misma pollita que ayudé a salir del cascarón y sé que el amor que ella siente hacia mí también se acrecienta con el tiempo. Si…, soy un ave afortunada.

Me encanta salir a volar junto a ella y recibir algo de la admiración que levanta en todos lo seres vivientes que tienen la fortuna de verla, y tratamos de no alejarnos mucho por miedo salir de la zona de veda, no sea que algún águila distraída, o algún carancho ladino se lance tras nosotros. Además, no muy lejos, existen nidos de hombres y sus pichones tiene la extraña costumbre de divertirse tirándonos piedras con armas elásticas, y algunos adultos, mortales pitutos de relucientes bastones de truenos. También están las barreras invisibles a través de los cuales podemos ver lo que hacen dentro de sus enormes nidos geométricos, pero que ha costado la vida de muchos hermanos y amigos que distraídos en sus vuelos matinales, se estrellan contra estos paramentos fantasmas, imperceptibles murallas, produciéndoles heridas mortales, o dejándolos discapacitados al alcance de las bestias que merodean sus perfectos pero antinaturales jardines, llenos de exóticos arbustos que en ningún otro lado había visto jamás. Son pocos los que han logrado sobrevivir a un choque con uno de esos muros transparentes y cuentan que son muy difíciles de distinguir, sobre todo en las mañanas, cuando los rayos del sol por alguna causa borran los reflejos y tornan a algunos de ellos, totalmente invisibles.

Los colores del sol emergiendo de la tierra tiñen el cielo de magníficos colores: naranjas, amarillos y rojos pueblan el mundo del viento, momentáneamente, para terminar de darle paso al azul intenso de los días de verano. Y éste no es un día normal, es un día especial…, porque en este día voy a pedirle a mi amada Galadia que sea formalmente, mi compañera por el resto de nuestros días, hasta que la muerte nos separe… y aún después de eso. Anoche, ¡el cielo estaba tan claro! Y con una luna mágica y redonda como única testigo le abrí mi corazón y le declaré mi amor eterno, y ella me correspondió con el suyo, nuestros picos se rozaron y en un rapto de audacia me atreví a cobijarla bajo mis alas… Ya no soporto estar lejos de ella ni un solo minuto más, formamos una unidad biológica indivisible y cuando la dejo en el nido de sus padres por las noches me siento desorientado hasta que a la mañana siguiente vuelvo a buscarla. ¡Va a ser maravilloso! Finalmente, seremos uno…

 

-Hola amor –la saludo al llegar a la entrada del nido paterno.

-Hola mi cielo –me responde erizando mi corazón como sólo ella puede hacerlo.

-Hoy tengo una sorpresa para ti –le digo.

-¿En serio? ¿Y qué es? – exclama ella llena de alegría, llena de vida como una polluela recién salida del cascarón. -¡Vamos dímelo, por favor!

-No te lo diré. Es algo muy importante. Pero si me acompañas te lo mostraré.

-Bien, bien, vamos… Llévame donde me revelarás esta incógnita. ¡Vamos, vuela! ¡Que yo te sigo!

 

Por supuesto que me salía de mis alas volar lo más rápido posible hasta donde tenía su sorpresa preparada, sorpresa que sin embargo era a mí a quién más llenaría de gozo y alegría… Sin embargo hago un largo rodeo antes de dirigir mi vuelo hacia el lugar elegido, los hago para acrecentar el suspenso, para aumentar su ansiedad, para disfrutar a pleno del momento más importante de mi vida….

En el árbol más bello del todo el bosque, durante semanas, he construido sin que ella lo advirtiera, el nido más hermoso que un polluelo hubiera construido jamás. En el encuentro del tronco principal con dos firmes y estables ramas, estaba esta hermosa obra avetectónica. Y estaba lo más alto posible dentro de los parámetros aconsejables para un nido… cosa que desde allí mi amada tuviera la mejor vista del bosque que se pudiera tener. Para su construcción seleccioné especialmente cada ramita, y cada hojita que iba a formar parte de nuestro hogar de forma que fuera firme pero a la vez suave, que nos permitiera sentir la briza pero que nos protegiera de las tormentas, y que fuera el lugar más acogedor del mundo para recibir a nuestros futuros polluelos… ¡Incluso elegí algunos palitos de hermosos perfumes para que siempre hubiera aroma a lavanda, aún a esa altura!

La alegría le desborda de su hermosa cara y puedo ver la emoción en sus límpidos ojos. Las plumas de sus alas tiemblan de emoción cuando bajo mi cabeza, como exigen las costumbres del cortejo avil, y extendiendo mis alas hacia atrás, comienzo mi canto pidiendo sus alas, su corazón y jurándole mi amor eterno. Ella sabía que en algún momento yo se lo pediría, lo había esperado por bastante tiempo y ahora que el momento había llegado, el júbilo se apoderó de nuestras almas. Golpeó mi cabeza suavemente con su pico en señal de aprobación y el resto del ritual nació de lo profundo de nuestros corazones. Alzamos vuelo y ascendimos a lo más alto del inmaculado firmamento girando frenéticamente cada uno sobre el eje del otro… Ella lo hacía con gracia suprema, yo, como podía… Al llegar a la cúspide, planeamos en círculos concéntricos hasta que nuestras alas se rozaron. No pude evitar emitir un piido de emoción… ¡Y ella me correspondió con el suyo! Luego caímos en picada recogiendo nuestras alas, formando con nuestros cuerpos una punta de lanza perfecta que casi no ofrecía resistencia al aire. Por supuesto que ella se me adelantó, imposible seguirle en vuelo y se introdujo cual saeta entre lo frondoso del bosque piando de alegría. Mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho emplumado mientras desde el aire seguía la silueta de mi amada atravesando el bosque en la mañana más feliz de mi vida. Estábamos totalmente desbordantes de alegría, casi descontrolados…

De pronto, de entre las copas de los árboles percibí la silueta rígida y amenazante de un nido de hombres… Un escalofrío corrió por todo mi cuerpo erizando mis plumas mientras el miedo se apoderaba de mi alma. Le pié inmediatamente, lo más fuerte que pude… ¡Frena…! ¡Detente…! ¡No sigas…! Pero ella no me escuchaba… Estaba demasiado extasiada que no sabía ni para dónde iba. Entonces volé con todas mis fuerzas hacia ella, como nunca antes lo había hecho, piando desesperadamente, y comencé a ganar terreno…, cuando estaba casi por alcanzarla un claro se abrió en el espeso bosque y el nido humano gigante se presentó delante de mi amada como un muro transparente imperceptible e infranqueable…

El golpe seco retumbó en mis oídos atravesando mi corazón como una flecha de hielo, y extendiéndose hacia lo profundo del bosque como un eco maldito. Ella nunca se dio cuenta de lo sucedido, venía tan feliz, tan entusiasmada que nunca se percató del enorme vidrio que se interponía en su camino. Su cuello delicado se quebró como un fino palillo bajo la pisada firme e implacable de un humano, provocándole una inmediata y piadosa muerte.

-¡Nooooooooooooooooo…! –pié desesperado ante la terrible magnitud de los que estábamos viviendo. De mis ojos incrédulos caían gruesas lágrimas mientras mi mente comenzaba a colapsar del dolor -¡Cómo era posible que nos estuviera pasando algo tan terrible si apenas un momento atrás rebozábamos de alegría y felicidad? Pié muchas veces más, abatido por la desesperación de lo inevitable, pié hasta quedar sin voz, gritando mi dolor y llorando mi desgracia hasta que mis ojos se volvieron áridos como el desierto.

Del nido humano, causante de mi desgracia, emergió una pequeña niña alertada seguramente por el fuerte impacto y al ver a mi amada tendida sin vida en el frío y duro suelo de la vereda, corrió a llamar a su padre. A venir éste y ver la situación, tomó con enorme delicadeza el cuerpo de mi amada y lo acercó hacia donde yo estaba. Podría haberlo atacado, descargando así mi furia y mi odio hacia aquellos gigantes que con sus construcciones, había arruinado nuestra vida, pero estaba paralizado de dolor y la expresión de su cara, de sus ojos, demostraban una profunda pena… ¡Ellos también podían sentir…! ¡Tener sentimientos! Y también estaban tristes… Dejó a Galadia a un costado, en la fresca hierba, húmeda aún por el rocío matinal, debajo de una gran hoja de Gomero, y se retiraron respetuosamente. Antes de dirigirme dando pequeños saltos hacia ella, vi que la niña se abrazaba a la pierna de su padre, estaba llorando…

Me eché al costado del cuerpo de mi amada, la cubrí con mis alas y escondí mi cabeza bajo su suave cuello roto. Le hablé al oído intentando reanimarla aunque ya sabía que nunca volvería a ver a mi amor dibujando el aire con su vuelo, ya nunca podremos recorrer los aires juntos, hacer surcos entre las suaves nubes… Ya no tendré a quién contarle todas mis cosas… con quién compartir el resto de mi vida. Mi amada Galadia yace muerta entre mis alas y no importa lo que haga ni lo que diga... Ella ya no volverá.

Mis largos piidos de tristeza alertaron al resto de los habitantes del bosque y un rato después el lugar se encontraba lleno de aves, de distintas especies e incluso de otros animales del bosque que venían a compartir mi pena… La mayor artista del vuelo que la naturaleza alguna vez hubiera visto, había desaparecido.

Mi familia y mis amigos intentaron hablar conmigo, consolarme y tal vez animarme a seguir adelante, pero yo ya no los oía… Mi mente, colapsada de tanto dolor, se había ido a volar el “vuelo de los idos” por cielos nunca vistos, nunca antes surcados, junto a la que había sido mi único amor desde que tuviera conciencia. Mi mente había decidido por mí, que no valía la pena sufrir tanto si había otros cielos que surcar…

Llegada la noche ya nadie quedaba junto a nosotros y mis piidos agotados apenas si podían escucharse, y la mañana siguiente el alba despertó a los animales del bosque con dos hijos menos, mi espíritu había decidido seguir el camino emprendido por mi mente, tras el viaje de Galadia, la más hermosa y talentosa de todas. Ya nunca más tocaríamos suelo, y ahora siempre juntos, nuestros espíritus surcarían el más hermoso de los cielos, por siempre jamás…

 

 

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Martes 16/9/20 2da Publicación

En esta oportunidad, elegí otro cuento de terror, "El cangrejal", segundo cuento del libro "Terror en el fogón".  Y no es que esté obsesionado con el terror, pero reconozco que es un género que me apasiona. Igualmente prometo que para la semana próxima vamos a cambiar de género...

"El cangrejal" sucede a orilla del río Solís Grande, en el departamento de Maldonado, y debo decir que está inspirado en los muchos veranos que pasamos esa la zona, con toda la familia. ¡Cómo olvidar aquellos dulces momentos, en que todo parecía más fácil...!

Los que no la pasaban nada bien, eran los pobres cangrejos, y visto en perspectiva, quizás nos merecíamos un castigo como el que sucede en este cuento... Espero que lo disfruten...

                        

"El cangrejal"

 

Roque es un chico muy inquieto, de carácter fuerte y una cierta cuota de violencia contenida que no tiene problema en dejar escapar, cuando la ocasión se presenta, contra algunos compañeros de colegio o contra sus dos hermanos menores. Este Agosto cumplió 12 años… En verano toda la familia se traslada a un pequeño campo, propiedad del padre de Roque, un ingeniero agrónomo dedicado a la ganadería, en las cercanías del Río Solís Grande.

El Río Solís separa los departamentos de Canelones y Maldonado, y su desembocadura al Río de La Plata es famosa por las peligrosas corrientes que se forman de manera imprevista, sorprendiendo tanto a turistas como lugareños y causando un índice de mortalidad por ahogamiento, muy elevado. Los conocedores del río dicen que las corrientes forma una especie de tirabuzón que te chupa y te hace recorrer varios kilómetros bajo el agua hasta que te deja ir, ya muerto, por supuesto. Dicen que es como un gusano gigante que si te atrapa..., estás perdido ya que ni el más avezado nadador podría escapar de sus frías y húmedas garras. Incluso le han puesto un nombre, pero este cuento tendrá que quedar para otra oportunidad, ya que no es el foco de esta historia.

El campo del padre de Roque está lejos de la desembocadura a unos tres kilómetros. Allí el agua es mucho más tranquila y si bien Roque tiene prohibido bañarse sin la supervisión de sus padres, se le permite ir hasta el río a jugar. Mejor correteando en el río que molestando a sus hermanos, pensaban sus padres.

A Roque le encantaba ir al río, cada vez que podía se dirigía hasta allí después de una caminata de veinte minutos a través del campo. La razón era muy clara, en las orillas del río había un gran cangrejal. Una comunidad de decena de miles de cangrejos. ¡Allí Roque podía dar rienda suelta a su naturaleza violenta! Y munido de un buen palo de madera recogida en el monte cercano, atacaba a los pequeños crustáceos con saña verdaderamente asesina, diezmando la población de cangrejos. El primer día de verano en el campo, en particular, era un día que Roque disfrutaba sobremanera ya que luego de casi un año sin ataques, los cangrejos confiados, volvían a retozar al calor de la playa y esta se encontraba atestada de estos pequeños y pinzados animales. Ese día, él tomaba la precaución de ir a hurtadillas hasta el borde mismo de la playa, protegido por la vegetación de forma de tomar por sorpresa al mayor número posible de cangrejos.

Pero este año fue distinto de los últimos cinco, ya que él desde los nueve que practicaba este “deporte”, como a él le gustaba llamarlo. Este año la playa estaba desierta, completamente desierta… No había ni un solo cangrejo, ni cerca ni lejos. Sorprendido comenzó a recorrer la playa en incluso se metió al agua en busca de las bocas de sus cuevas ¡pero tampoco encontró nada! No podía ser… ¡Como habían sido capaces de abandonarlo! ¡Qué desconsideración tan grande! ¿Y ahora que hacía con toda aquella violencia acumulada que tenía en el cuerpo? No le fue difícil volcarla contra las gallinas, alguna oveja, sus hermanitos (pobres víctimas de hoy y de siempre) e incluso contra su madre, una vez que llegó de regreso a la casa. Toda esa frustración al no encontrar a los cangrejos se transformó en una rabia incontrolable que desató sobre su familia como un huracán de viento y arena. Solo su padre pudo controlarlo en la tarde cuando volvió de trabajar.

 

-No, los cangrejos no desaparecieron. Sólo se mudaron… -contestó el padre ante la consulta de Roque sobre la extraña desaparición de los crustáceos.

-¡¿Se mudaron?! ¿Cómo que se mudaron? –preguntó desesperado, imaginando que sus días de masacre ya nunca volverían a repetirse. – ¿A dónde se fueron?

-No se fueron lejos, están en el recodo del río, ahí donde está el islote, un poco más tierra adentro…

-¡En el recodo, claro! –dijo sabiendo perfectamente a qué lugar se refería. No estaba lejos simplemente había que tomar hacia la izquierda en el Eucalipto en vez de seguir de largo. La vida pareció volverle al cuerpo…

-Por cierto que es muy extraña esta migración de los cangrejos. Desde siempre estuvieron en la orilla este del río… No soy un entendido pero todos los lugareños opinan lo mismo: ha de haber aparecido algún depredador natural para provocar ese hecho en la comunidad de los cangrejos. Pero no me imagino cuál pueda ser. No se ha visto ningún ave o animal nuevo por la zona…

 

A la mañana siguiente, en cuanto pudo abandonar la casa se dirigió nuevamente al río y al llegar al Eucalipto dobló a la izquierda. Durante la caminata se las arregló para conseguirse un palo de buen tamaño, que fue pelando de corteza y pequeñas ramitas. Quería estar pronto para que, al llegara a la orilla saltar sobre los desprevenidos animales y darles esa masacre que el día anterior habían salvado. Iba contento, como quién va a la heladería…, o como aquel que va a subirse a un juego en el parque de diversiones, con la panza cosquilleándole y los nervios a flor de piel. Así iba Roque, feliz al encuentro de sus cangrejos como si de una novia se tratara, sólo que en este caso a la otra parte, los cangrejos, no les espera nada bueno…

Pero no fueron los cangrejos los sorprendidos al llegar a la orilla Este del río si no Roque mismo… Y es que no había ni un sólo cangrejo retozando al sol en la orilla. Estaban todos en el islote, tal cual se lo había contado su padre la noche anterior.

 

-¡Maldición! -¡Están todos en el islote!– exclamó en muchacho. ¡Maldición, maldición…, maldición! –volvió a gritar dejando escapar su frustración y la rabia que comenzaba a ganarlo. Esto era peor a que hubieran desaparecido… Ahora los podía ver, estaban al alcance de su mano, mas no los podía alcanzar… Los cangrejos parecieron reconocer la voz de Roque y recordar (si es que es posible que un cangrejo tenga memoria) que esa voz, o más bien que el emisor de aquella voz no venía con buenas intenciones, ya que muchos de ellos lentamente y caminando de costado como es su principal característica, se fueron metiendo dentro de sus cuevas de barro, bajo el agua.

 

Roque quedó en la orilla maldiciendo y despotricando por un buen rato hasta que se dejó caer impotente sobre la húmeda playa de arena y barro.

 

-¡Malditos bichos! Si pareciera que hasta se dieran cuenta que estoy acá y se estuvieran burlando –se quejó y luego hizo de cangrejo -¡No puede, no puede, Roque no pude alcanzarnos…! ¡Malditos bichos! Pero si creen que esto va a quedar así están muy equivocados…

 

El muchacho tenía muy presente la prohibición de entrar al río sin la supervisión de algún mayor, y él tampoco es que fuera muy obediente que digamos… Pero también tenía muy claro que la profundidad de la lengua de agua que separaba el islote de la orilla era muy llana y la distancia de apenas veinte metros. En la parte más profunda podría llegar a los 30 centímetros como mucho y había partes en que era tan llanita que los cangrejos, parados en las bocas de sus cuevas, sobresalían del agua y parecía que nadaban sobre ella. El único problema era que el fondo del río era puro barro (razón por la cual allí vivían los cangrejos) y era muy difícil caminar para llegar a la parte firme y seca de la isla. Pero había visto a los chicos del lugar, cruzarlo flotando sobre el agua e impulsándose con las manos en el fondo.

No lo pensó dos veces, ya se lo había imaginado y ahora el impulso era irrefrenable. Tomó el palo que tan pacientemente había pelado y se dirigió hacia el agua.  A medida que se internaba en el agua, el suelo de la playa compuesto por arena y barro, dejaba lugar solamente al barro y ya a los pocos metros de la orilla comenzó a hundirse hasta la pantorrilla. Al hecho del suelo barroso, hay que agregarle que en ese preciso lugar y justamente por la presencia de los crustáceos cascarudos, el suelo es un verdadero queso gruyere a causa de las infinidades de galerías que éstos bichos construyen bajo el suelo del río. Es por eso que unos metros más adelante, comenzó a hundirse prácticamente hasta la rodilla y no sólo eso. Con cada paso que daba podía sentir decenas de cangrejos morir aplastados en sus cuevas por su causa. Sentía perfectamente como sus cuerpos cascarudos se quebraban como nueces con cada uno de sus pasos. Esto en vez de causarle una sensación de asco, le dibujó una sonrisa de satisfacción en la cara. ¡Ya había comenzado la masacre…!

 Llegó un momento en el que ya se hacía imposible caminar, el barro parecía intentar detenerlo y al intentar sacar cada uno de sus pies al caminar se producía un efecto de vacío que para quebrarlo tenía que hacer un gran esfuerzo… Decidió entonces flotar sobre el barro ayudándose con sus manos para avanzar, como había visto hacer a otros chicos, años atrás... Ahora su cara estaba prácticamente en la superficie del agua y podía ver, en la parte más llana del trayecto a muchos cangrejos que ahora estaban casi a su altura. Extrañamente los cangrejos no se hundían dentro de sus cuevas al verle pasar, si no que lo seguían con sus ojos retráctiles atentamente. Esto le llamó la atención, estaba acostumbrado a que corrieran desesperados de costado cada vez que aparecía en la playa. Supuso que el cambio de conducta se debía a que ahora estaban en su elemento.

¡Bah! ¡Qué diablos me importa lo que hagan! –pensó. –Igual cuando llegue a la playa y me pueda parar los voy a destruir con mi palo… 

Y entonces le pareció sentirlo..., como un pequeño pellizcón en el muslo derecho. “No, debe de haber sido el raspón contra alguna ramita del suelo” pensó desestimando completamente la posibilidad de que alguno de aquellos inofensivos animalitos, se hubiera atrevido a pellizcarlo a él, justamente a él, el dios destructor de los cangrejos… Pero enseguida volvió a sentirlo… ¿Podría ser posible que hubiera un cangrejo que lo estuviera pellizcando? Antes de que pudiera volver a cuestionárselo recibió tres pellizcones más, y la respuesta a su inquietud vino de la forma más violenta que él se hubiera atrevido a imaginar. De repente cientos, ¡no miles! de cangrejos se lanzaron sobre el ahora indefenso Roque convirtiendo esa parte del río en un hervidero de sangre y muerte. Miles de pellizcones comenzaron a descarnar al muchacho que no entendía lo que pasaba y no tenía cómo defenderse… Intentó erguirse pero se hundió más en el barro, tampoco podía nadar o sumergirse para escapar de aquella carnicería. Solo atinó a gritar, a gritar tan fuerte como sus pulmones le permitían. Y su grito se extendió por sobre la superficie del agua pero pronto comenzó a extinguirse al llegar a la vegetación más pesada del campo. Siguió gritando desesperado hasta que un cangrejo, más osado que el resto se introdujo en su boca y de un solo pinzaso, le extrajo la campanilla limpiamente. Y se movió como un loco, pero con cada movimiento se iba hundiendo más y más en aquella trampa de barro y agua…

 

Al mediodía, la madre de Roque se cansó de llamarlo para que fuera a almorzar, mientras en el río, los cangrejos había ya dado cuenta del infeliz de cual emergía de la superficie tan sólo su pié izquierdo. Pronto su osamenta quedaría completamente hundida en lo más profundo del barro y pasaría a formar parte de la interminable red de galerías subterráneas de los cangrejos.

 

Ya nunca nadie volvería a saber del pobre Roque y su violenta naturaleza juvenil…

 

 

Un consejo: no maltrates, ni lastimes animales por diversión… No importa el tamaño ni la utilidad, uno nunca sabe cuándo te la van a devolver.

Y otro: Si están por el río Solís, no se metan al agua en la zona del cangrejal, podrían no volver a salir jamás!!

Y otro más: si se bañan en la desembocadura tengan cuidado con el “Gusano Cristalino”, podría atraparte y morir ahogado… Pero eso es otra historia...


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Para esta primer publicación de "mis obras, al mundo" elegí un cuento... Un cuento de mi libro "La Hostería del Terror" 

La Hostería del Terror, fue el primer libros de cuentos que escribí, y estuvo inspirado en mis largas noches en vela, cuando trabajaba de gerente, encargado, mozo, fontanero, arreglatutti, en una hostería en la costa.

Este cuento en particular, tiene una característica que lo hace bastante especial... Una gran parte del mismo, pasó en realidad, y yo fui el protagonista... 

¡Espero que lo disfruten! Acá les dejo...

              "La habitación nro 5"


Era una noche de verano calurosa y húmeda. Ya pasaban de las dos de la mañana y yo aún continuaba trabajando a pesar de que el hotel estaba completamente vacío. Y es que había recibido una llamada esa misma tarde donde una persona me habían solicitado una reserva, advirtiéndome que llegarían muy entrada la noche. No me molestaba quedarme esperando, desde muy joven aprendí a valorar los momentos de gran tranquilidad, a disfrutar de mis momentos de soledad. Momentos para estar con uno mismo, para conocerse y para evaluar lo hecho ese día y para planificar el siguiente… Además, en esos momentos de tranquilidad absoluta, aprovecho para hacer lo que más me gusta: escribir. Y eso estaba haciendo muy concentrado, cuando el estrepitoso timbre del teléfono me sobresaltó…

-Triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…, triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…

Me apresuré a atender…

-¿Hola? –silencio total- ¿Hola? ¡Conteste…!

Pero nada…, y entonces colgué. De alguna manera este hecho para nada anormal logró inquietarme. ¿Y si hubiera sido el pasajero a quien estaba esperando para cancelar su reserva? No, no podía ser. No iban a cancelar a esa hora… De todas formas si así era, podía esperar a que volvieran a llamar. Seguramente fuera una llamada equivocada. Salí de la recepción y di una vuelta por los salones revisando puertas y ventanas.

Regresé y me instalé nuevamente frente a la computadora dispuesto a continuar escribiendo. Antes de que pudiera siquiera tocar el teclado…

-Triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…, triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…

Esta vez el sobresalto fue mayor y el timbre pareció haber sonado mucho más fuerte… Atendí el teléfono casi con rabia, no se si porque volvieran a molestar o enojado por el susto que me había provocado…

-¡Hola! –nuevamente el silencio- ¡Hola, conteste…! ¡¿Hay alguien allí?! –entonces me pareció escuchar…, no, podría jurar que escuché una respiración profunda del otro lado del teléfono. Maldije y corté.

Ya estaba…, el maldito teléfono había logrado perturbarme. Siempre me consideré una persona valiente y sin embargo éstas simples llamadas habían logrado atemorizarme. ¿Cómo podía ser posible?

Seguía tratando de sobreponerme cuando el maldito teléfono volvió a sonar, esta vez aún más fuerte que la anterior…

-Triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…, triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…

Esta vez decidí esperar a que dejase de sonar, pero el teléfono sonaba y sonaba, y el trepidar del timbre parecía ir adueñándose de todos los rincones del hotel. Me acerqué al teléfono y estiré mi mano hacia el tubo dispuesto a atenderlo cuando mis ojos se toparon con el visor de la central telefónica… En éste visor aparece el número desde el cual están llamando y lo que vieron mis ojos paralizó mi respiración por unos segundos… No estaban llamando desde el exterior del hotel, la llamada que estaba recibiendo, provenía desde una habitación, la Habitación 5…

El timbre del teléfono seguía perforando mis tímpanos y en un nuevo arranque levanté el tubo y contesté…

-¿Quién es? ¿Quién está allí? ¡Conteste, maldita sea! –y esta vez sí escuché claramente una respiración profunda y gutural que me heló la sangre… Por supuesto que colgué el teléfono inmediatamente, y me quedé congelado y sin saber qué hacer durante varios minutos. Quizás me hubiera quedado en ese estado toda la noche si no hubiera sido por el maldito timbre del maldito teléfono que volvió a sonar tan fuerte como la sirena de un coche de bomberos…

-Triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…, triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…

Me acerqué a la central telefónica para chequear el visor con la esperanza de que hubiera interpretado mal mi última lectura. Lamentablemente no había dudas, quién estaba llamando a la recepción, lo hacía desde la habitación 5, y se suponía que el hotel estaba vacío y por lo tanto, nadie tendría que estar en la habitación 5 llamando a la recepción del hotel a la 2 de la mañana…

Levanté el tubo y lo colgué inmediatamente para terminar con la tortura del maldito timbre. Pero algo tenía que hacer. No podía pretender que no sabía que en la habitación 5 había alguien que no tendría que estar allí. Tomé un pesado barrote de hierro, que me acompañaba en mis noches en vela como única protección, y me dirigí al ala de las habitaciones. Comencé a recorrer el corredor que parecía estirarse a medida que lo recorría  haciendo el recorrido mucho más largo. Para peor la habitación 5 estaba en el fondo, a oscuras…Llegué hasta la puerta y tratando de no hacer ningún ruido puse la llave en la cerradura, lentamente abrí la puerta... Estiré mi mano hacia la derecha buscando la llave de la luz y la encendí y salté dentro como si fuera un comando tratando de tomar a su enemigo por sorpresa, pero..., la habitación estaba desierta, y no había ningún rastro de que alguien hubiera estado allí. Abrí el ropero y me dirigí al baño cuya puerta estaba cerrada. También allí revisé e incluso detrás de la cortina del duchero. Afortunadamente no había nada ni nadie. Volví a cerrar con llave y comencé a recorrer el corredor de regreso. No había terminado de recorrerlo cuando nuevamente el espantoso sonido se apoderó de mi cuerpo y de mi alma…

-Triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…, triiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinn…

No necesitaba ver el visor de la central para saber desde donde llamaban. Esta vez no atendí y desconecté el teléfono. Apagué algunas luces mientras me dirigía hacia mi dormitorio. Me encerré en mi habitación y traté de conciliar el sueño. Les juro por Dios, que a pesar de que había dejado desconectado el teléfono, volví a sentirlo sonar, en tres oportunidades más…

 

Esa mañana cuando me reintegré en mis funciones, mientras conversaba con otros empleados organizando tareas y haciendo las rutinas típicas del hotel, encendí la radio. Estaban pasando la noticia de un terrible accidente que había sucedido a sólo diez kilómetros del hotel. Un auto se había salido de la ruta y se había estrellado contra un árbol. Ambos ocupantes habían muerto instantáneamente… Había sucedido exactamente a las dos de la mañana y el chofer del auto no era otro que quién tenía hecha su reserva en el hotel y a quién yo había estado esperando…Hasta entonces no había atado cabos y un escalofrío recorrió toda mi espalda. Corrí hacia la recepción y abrí el libro de reservas para ver qué habitación les había adjudicado… Era la habitación 5…

 

Hoy tomé una decisión muy importante que quiero compartir con todos ustedes.

Desde el año 2001 a la fecha llevo escrito más de 10 novelas, alrededor de 30 cuentos y algunos poemas. Puedo decir que he tenido un cierto suceso y varias de mis novelas y cuentos, fueron publicados con gran éxito de ventas, y me han valido la consideración, como el precursor de la literatura fantástica y el escritor de la primer saga de la literatura en mi país.

También he tenido el honor de haber recibido en el 2010, el premio del año por mejor libro de LIJ, por una de mis novelas.

Todo esto me hizo pensar que no debía de ser tan malo escribiendo, y que podía albergar la ilusión, de publicar en mercados más importantes que el de mi país… Pero luego de más de diez años intentando conseguir que alguno de mis libros alcanzase alguno de esos mercados, sin haber obtenido el más mínimo resultado, me ha llevado a concluir, que tampoco soy tan bueno como pensaba…

¡Ojo! Esto no es un drama… Mucho menos una queja, simplemente la constatación de la real valía de mi escritura. Es bueno saber dónde uno está parado…

Pero…, uno escribe con pasión, para ser leído… ¿De qué sirve lo que uno hace si lo guarda, lo esconde, o simplemente no logra transmitirlo? Yo no escribo para mi…, escribo para los demás. Escribo para transmitirle cosas, emociones, sensaciones… a quienes me leen y no concibo la idea de que mis cuentos, mis historias, queden guardados en mi ordenador sin cumplir el fin, para el que fueron creados.

Es por eso, que, a partir de hoy, todas las semanas, voy a publicar en mis redes sociales, uno de esos cuentos, de esos poemas, de esas novelas, capítulo a capítulo, para que pasen a ser dominio de todos y dejen definitivamente, en algunos casos, su lugar de encierro. ¡Porque un libro que es leído, es un libro vivo!

Para eso he  creado este blogg:  misobrasalmundo.blogger.com, donde iré publicando semanalmente parte de mi creación, algunas ya publicadas, pero otras, inéditas.

Espero encontrarlos en el éter del ciberespacio, compartiendo lecturas, fantasías e ilusiones.

¡Nos vemos en las redes!

 

Gabriel Aznarez