Los Andaluins…, mi más grande orgullo literario… Y no sólo porque fue un éxito de ventas, agotando la primera edición en tan sólo 2 meses, o porque se transformó en la primer saga de la literatura uruguaya, o porque fue galardonado con el premio Bartolomé Hidalgo en el 2010, si no porque fue la materialización física, de los cuentos que les contaba a mis hijos antes de mandarlos a la cama, y en los cuales, ellos mismos, eran los principales protagonistas…

Dicen que cuando algo tiene éxito, más vale no tocarlo, pero los libros son seres vivos, que van mutando con la realidad y el tiempo… Y a casi 20 años del nacimiento y la edición de los “7 Portales”, primer libro de la saga,mucha agua ha pasado bajo el puente y creo que los Andaluis se merecen un nuevo primer capítulo… Aquí está, recién salido… en exclusiva para todos ustedes. Espero que les guste…

 


 

No creas en todo lo que te han enseñado, porque no siempre es 

toda la verdad…

El Universo es mucho más complejo de lo que jamás nos 

atrevimos a soñar…

 

Está escrito en el arcano “Libro de la Creación”, que en los orígenes, existía sólo Él, y nadie más que Él, ni orgánico, ni espiritual... Él fue el creador de todo lo que existe, de todo lo que vive. Fue Él quién nos regaló la vida...

Él Creó el espacio y también los millones de cuerpos que transitan por este: estrellas, planetas, asteroides, cometas… Creó el movimiento y la energía que les da vida. Fue quién determinó en cuáles habría vida y en cuáles no. Él creó los grandes mares, las altas montañas y los profundos valles, en cada uno de estos planetas. La briza del verano, la lluvia del otoño y la nieve en el invierno, fueron también una creación suya.

Luego creó las cinco grandes razas: la Animal, la Vegetal, la Mineral, la Inorgánica y la raza Química. Y dentro de éstas, los seres que habitarían en los océanos y en las profundidades insondables, aquellos que cruzarían el cielo volando y también aquellos que vivirían arrastrándose por el suelo. Las criaturas que vivirían bajo tierra y aquellas que correrían sobre ésta. Cada uno con cualidades diferentes y únicas. Todos tenían un lugar y un objetivo en su creación. Todos eran importantes y tenían un trascendental papel para jugar.

Entonces nombró a 5 castas Responsables, una por cada raza, los Humanos fuimos nombrados responsables por la raza Animal. Cada casta Responsable debía velar por su respectiva raza y responder por, y ante ella.

A todos les dio un lugar para vivir en paz y armonía dentro de su creación. Un lugar donde desarrollarse y crecer felices con todas sus necesidades básicas resueltas.

Luego, les hizo un segundo gran regalo… les regaló la libertad… El libre albedrío, la posibilidad de la autodeterminación y dejó entonces que su creación, en paz, evolucionara durante millones de Endgos.

Las diferentes razas evolucionaron rápidamente, alcanzando logros increíbles en poco tiempo. La ciencia, la tecnología, la medicina, la arquitectura… una evolución que se logró por todos, y en beneficio de todos. Maravillosas ciudades, gigantescas pirámides, palacios fantásticos e imponentes monumentos y obras de arte.

Todo era utilizado para el bien común y en alabanza a ese ser superior, creador y padre de todo lo creado. Innumerables monumentos de gigantescas piedras, colocadas con precisión milimétrica, se levantaban aquí y allá en honor a la Deidad. Obras de arte que ocupaban grandes extensiones del suelo, grabados en la roca viva, involucrando incluso a la misma naturaleza, daban gloria a un Ser que adoraban y querían como a un verdadero padre celestial…

El universo entero vivió un período evolutivo de oro durante millones de Endgos. Las diferentes razas vivían en paz y armonía intercambiando y comerciando entre ellos, compartiendo y propagando el conocimiento hasta los confines más recónditos del espacio. Grandes naves surcaban los mares, el aire y también, el espacio, haciendo que las fronteras se diluyeran en un espíritu único de fraternidad universal.

Pero la paz no duraría por siempre… Influidos por seres superiores, sentimientos oscuros invadieron el alma de algunos líderes Responsables… sentimientos que germinaron y pronto se transformaron en rencor, envidia, y luego, en odio… Estalló entonces, la 1er Gran Guerra Universal, una guerra que involucró a todo el universo y a casi todas las razas que en él vivían, y todos aquellos avances logrados, se utilizaron para la destrucción y el sometimiento. Hermanos enfrentados contra hermanos, padres contra hijos, pueblos contra pueblos y civilizaciones enteras, enfrentadas por el odio

La guerra alcanzó niveles de odio, crueldad y violencia tal, que asquearon incluso al mismísimo Creador, que con profunda tristeza, veía cómo su creación perdía el camino anhelado. Aguardó con la esperanza de que la cordura finalmente prevaleciera y que solos, la paz encontrarían, pero fue en vano… Toda aquella energía, toda aquella inteligencia, que con magníficos frutos se había desarrollado, se volcó hacia el único objetivo de la destrucción…

Decidió intervenir, detener aquella locura insana que estaba destruyendo lo más preciado de su creación, recuperar la paz y la armonía que se había perdido… Para Él sería fácil lograrlo, ya que todo lo podía. Con una sola orden, una sola palabra, su simple deseo, todo aquel pandemonio acabaría instantáneamente, pero él no quería contravenir su 2do gran regalo: la Libertad. Un regalo que le daba sentido a aquella maravillosa obra que al principio había imaginado. Decidió entonces conseguir la paz a través del diálogo, tratar de convencer a aquellos que luchaban, de que nada bueno se conseguiría a través de la violencia. Pero no fue escuchado… Una y otra vez lo intentó. Y una, dos y siete veces vez fue rechazado. Lo intentó en distintos lugares, de distinta forma y con distintos líderes Responsables, pero no fue escuchado…

Abatido por su fracaso, entristecido por el rechazo, no tuvo más remedio que tomar medidas drásticas… Detuvo la guerra y condenó a su creación a vivir separada por siempre. Dividió su universo en siete dimensiones estancas, una por cada rechazo sufrido: Espirven, Magijall, Bosquín, Realdan, Decadunoll, Degenmon y Hellmon, siete dimensiones en un mismo universo… Siete dimensiones separadas sólo por su grado de bondad o por su estado de degradación, por el resto de la eternidad…

Luego, de un soplido, borró de la faz de la tierra y de la memoria de sus creaciones, todos aquellos fantásticos logros y avances alcanzados durante aquella época dorada, condenándolos a escribir nuevamente su historia, de cero, como si el pasado, nunca hubiera existido… dejando sólo unas pocas obras como recordatorio imperecedero de aquella época vivida: pirámides, dólmenes y algunas obras de arte grabadas en la roca y en algunos valles que luego se transformaron en desiertos áridos y poco habitados.

Todo estaba entonces por hacerse, la Segunda Era Evolutiva del Universo estaba por comenzar…

 

Pero esto, si realmente pasó, fue hace ciento de miles de años, y su conocimiento se perdió en los perezosos e intrincados pliegues del correr del tiempo, y nada tiene que ver con nuestros tres protagonistas.

Ven, conoce la historia de estos tres hermanos, su familia, la mágica casona de El Prado y la misteriosa leyenda de Los Andaluins…



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¡Muchos de ustedes estaban esperando esto!!! ¡Y por fin llegó!!! Las próximas 5 entregas de “Mis obras al mundo” estarán dedicadas a la saga de Los Andaluins, mis primeras y más exitosas obras, que me valieron la obtención del mayor premio de la literatura uruguaya, el Bartolomé Hidalgo, y que me convirtieron definitivamente, en un escritor. A ellas les debo lo que soy dentro del ámbito de la escritura. ¡Así que prepárense porque tengo grandes novedades! Desde un nuevo primer capítulo para el primer libro de la saga (muy revelador) hasta el primer capítulo del sexto libro de la saga: “Reencarnación”, aún inédito. Y muchas imágenes nunca antes vistas…

¡Los espero a partir de mañana!!!

¡Espero que los disfrutes!!!






 

¡Llegamos a la séptima entrega!!! Y como el “7” es mi número preferido, tenía algo muy importante para compartir… Pero ayer se me cruzó esta historia… Una historia muy conmovedora y actual. Además es una historia real, que sucede durante la presente pandemia… ¡muchas historias increíbles van a surgir de éstos tiempos difíciles, y muchas de ellas escribiremos, pero esta me pareció particularmente tierna, en un momento particularmente triste. Es como un farol en medio de una calle oscura, una caricia al corazón partido… Ni siquiera es mía. La escribí yo, pero me inspiré en las declaraciones de un familiar de las personas involucradas. Sucedió esta semana en Argentina y espero que te guste…

 

Amor eterno

Los proyectos de astronautas entraron sin cuidado, ni paciencia, ni respeto... fastidiados y cansados seguramente, por el incesante trajín, de muchos días sin dormir y arduo trabajo. Iban cubiertos de pies a cabeza, con barbijo, antiparras, máscara de PVC y gorro, cubriéndoles el rostro y la cabeza por completo. Llevaban maletines y equipos especiales de testeo. Se autodenominaban como el “comando sanitario”

El hombre, de avanzada edad, aunque aún ágil y vital, les franqueó el paso indicándoles donde se encontraba la paciente. En el dormitorio, la mujer los esperaba ya sentada en el borde de la cama.

- ¿Cómo se siente? –se escuchó la voz, atenuada por las capas de artilugios que cubrían la boca del hombre. Una compañera a su lado, comenzó a abrir sus maletines y a buscar los implementos para revisar a la mujer.

-Me siento cansada…, con dolor de garganta y he perdido el gusto… -contestó Miriam. Claudio, su marido, y quién les abriera la puerta, se sentó a su lado y le tomó la mano.

- ¡Aléjese! –casi que vociferó el hombre adentro del traje. Esta vez la voz se escuchó fuerte y clara.

-Si su mujer está contagiada, usted no puede acercársele… -dijo un poco más suave la mujer, igualmente vestida, mientras se acercaba con un larguísimo hisopo. Sus manos estaban cubiertas por dos pares de guantes… -Mire hacia arriba –ordenó.

Miriam, con los ojos invadidos por el temor, obedeció. El hisopo comenzó a entrar por una de sus fosas nasales y aunque no pareciera posible, no se detuvo hasta ingresar completamente. Miriam apretó los ojos en señal de desagrado. La enfermera le entregó el hisopo a un tercer “astronauta urbano” y le tomó la fiebre. -37,5 –dijo la mujer.

-Vamos a tener que llevarla –dijo el primer médico.

- ¿Llevarla? –preguntó esta vez Claudio. Ahora, la mirada de temor se había instalado en sus ojos.

-Sí, aunque no tengamos el resultado del hisopado, es evidente que su señora está contagiada de COVID-19

-Ok. Le preparo una muda de ropa y nos vamos.

- ¡De ninguna manera! –exclamó en tercer ayudante. –Sólo los infectados de riesgo son hospitalizados.

Y antes de que alguno de los “invasores espaciales” pudiera siquiera reaccionar, Claudio se acercó a su esposa, la abrazó y le dio un generoso beso en la boca. Cuando pudieron separarlos Claudio, con una sonrisa en los labios les dijo - ¡ya está…! si no estaba contagiado luego de convivir más de sesenta años con esta mujer, ahora sin dudas que lo estoy…

-Si no tiene síntomas, no podemos llevarlo, lo siento…

Mientras Miriam era llevada en silla de ruedas hasta la ambulancia, Claudio no dejaba de seguirlos relatando al “comando sanitario” los síntomas que sentía…

- Escuchen: me duele todo el cuerpo, ¡los ojos y la cabeza… también el estómago! ¡Tengo ganas de vomitar y no puedo oler ni mis propios pedos! Estoy muy mal, tienen que llevarme con ustedes… -pero no le hicieron caso, y tuvo que conformarse viendo cómo, la ambulancia, se alejaba con su amor dentro.

 

Horas después, Miriam estaba ya instalada, acostada en una camilla y conectada a un dispositivo respirador y otros aparatos, en una sala con diez camas más, y al menos, otros seis infectados. Miraba hacia la ventana, cuando alguien se le acercó y la abrazó…

- ¡Claudio, ¿qué haces aquí?! –dijo la mujer entre sorprendida y feliz de verlo.

-Vine a acompañarte… ¿recuerdas los que siempre te he prometido?

- ¡Que nunca ibas a dejarme sola…! Eres un loco… -luego sus ojos demostraron preocupación –¡pero es peligroso, puedes contagiarte…!

- ¡Ya estoy contagiado…, pero de amor!

- ¡Qué tonto! –luego agregó muy seria - No quiero que te enfermes…

-Mi amor… ¿es serio piensas que yo no pude contagiarme de ti? Si estamos todo el día juntos…

-Pero…, ¿cómo te dejaron entrar? –preguntó Miriam, incrédula.

-Me presenté voluntariamente y mentí en todo el cuestionario. Declaré más síntomas de los que provoca el covid… ¡Tendrías que haberme visto fingiendo que apenas podía respirar…! -respondió Claudio divertido, como cuando un niño hace una travesura –¿Ves? estoy en aquella camilla de allá…

-Señor, señor… -les llamó la atención una enfermera –no puede levantarse. Vuelva a su cama.

Pese a su pedido, no lo dejaron cambiar lugar con los infectados contiguos a la camilla de Miriam, pero esa noche, mientras todos dormían y las luces permanecían apagadas, una figura se movía en las sombras… Con mucho cuidado para evitar que el enfermo se despertara, movió la camilla vecina de la de su mujer hacia donde él tenía la suya, y luego de acomodarla, llevó la suya al lado de la de su amor, y la puso tan cerca como le fue posible de forma que pudiera tomar su mano.

Mayor fue la sorpresa de Miriam y de las enfermeras, cuando a la mañana siguiente, se encontraron con aquel panorama. Para ellas era lo mismo dónde estaba cada enfermo, por lo que, ante el pedido de los dos pacientes, los dejaron como estaban. Los resultados del hisopado de Miriam, dio positivo, como era de esperarse… Y el de Claudio, también… Él también se había contagiado, y los síntomas que el día anterior él había fingido, ahora se hacían sentir de verdad…

-Te lo dije… nunca te voy a abandonar. Dónde tú vayas, allí iré yo también… nunca te dejaré sola… -dijo ahora, sintiendo todo su cuerpo arder.

-Me preocupan los chicos (¡ningunos chicos!, ya todos casados y con hijos. Pero uno nunca deja de llamar a sus hijos, como si fueran pequeños) –dijo Miriam.

-No lo hagas, ellos están bien. Les hablé antes de internarme y les avisé donde estábamos… Pero no podrán visitarnos mientras estemos aquí. En unos días estaremos de vuelta abrazándolos y besando a nuestros nietos.

-Ojalá así sea… ¡Los extraño tanto! Desde que apareció todo este tema de la pandemia, hace ya dos meses, apenas si los hemos visto por zoom… -dijo con tristeza. Entonces Claudio tomó su mano con ternura, y ella la sujetó con suavidad y firmeza, acariciándola con su dedo pulgar, con la certeza de que no soltaría aquella mano, hasta que juntos dejaran aquel lugar.

 

Pasaron los días conversando, y recordando los lindos momentos que la vida les había regalado desde que se conocieron… Porque la vida los había unido… Si él ni siquiera había nacido en éstas tierras generosas… Pero cuando un día saboreó, en su tierra natal, aquellas frutas dulces, jugosas y sabrosas, como nunca antes había probado, supo que quería vivir en el país donde éstas crecían. Preguntó al vendedor de dónde provenían tan exquisitos frutos, y éste le respondió, “de Argentina… vienen de Argentina. Un país generoso de Sudamérica, pegado a Uruguay…” Entonces, supo inmediatamente que allí viviría… El destino quiso que sus padres se mudaran justamente aquí, y él vio cómo su sueño, se cumplía antes de lo que había imaginado. Se enamoró de Miriam en cuanto la vio y ella le hizo un poco más difícil el camino a su corazón, pero fue y es un amor tan intenso que se podía percibir con sólo verlos. Se casaron, y en la misma Iglesia él le prometió que siempre estaría con ella, fuera donde fuera y que nunca la dejaría sola…

Tuvieron hijos, a quienes criaron abrazados en ese amor que se prodigaban y luego vinieron los nietos. Si…, habían construido una hermosa familia y habían vivido una buena vida, con contratiempos y duros combates, como es normal en una existencia que exige luchar por lo que uno quiere, pero afianzada en ese amor que todo lo podía…

Hablando de esos tiempos, recordando aquellos momentos de felicidad compartidos, Miriam se quedó dormida. Claudio la miro con ojos de amor, hasta que también él, se dejó arrastrar a los brazos de Morfeo. La salud de ambos había empeorado con el correr de los días. Sus manos seguían entrelazadas a pesar de la inconsciencia que ahora compartían, como si estuvieran soldadas, como un símbolo de esa unión que no conocía fisuras.

A la mañana siguiente, Miriam no despertó y su respiración apenas si se podía percibir, pero su mano seguía firmemente aferrada a la de Claudio. Él aún podía sentir el palpitar de sus venas bajo aquella piel fina y aterciopelada. Hizo un esfuerzo por acariciar el antebrazo de su mujer con la otra mano, y cuando alcanzó a rozarla con la yema de sus dedos, ella abrió apenas los ojos, lo miró con infinita ternura y sus labios dibujaron un “te amo…” detrás de la mascarilla, ya que ningún sonido salió de su boca. “Y yo a ti, mi sol” dijo Claudio. “Me marcho…” quiso decir ella. “No me dejes” le contestó él. “Lo siento…” terminó ella y sus ojos se cerraron definitivamente y dejó de respirar… Claudio constató el momento exacto de la partida de su esposa, porque en ese preciso momento, la presión de su mano, por fin cedió… Pero no la soltó… siguió agarrándola y siguió acariciando su antebrazo a pesar de que el dolor por el esfuerzo en su espalda, era insoportable. Las lágrimas brotaron de sus ojos como de un manantial sagrado… Y le murmuraba, a pesar de que ella ya no podía escucharlo, cuanto la amaba y lo feliz que había sido a su lado… La enfermera, al verlos, se hizo eco de sus lágrimas y se acercó piadosamente al hombre, que tozudamente, seguía susurrando palabras de amor…

-Don Claudio –dijo suavemente, mientras le tocaba el hombro. –Miriam se fue, ella ya no puede escucharlo…

-Ya lo sé, querida… Sólo déjame unos minutos más con ella…

La muchacha se retiró respetuosamente, pero se quedó mirando a corta distancia, aquella increíble imagen de profundo amor. Cinco minutos después, el hombre seguía en aquella incómoda posición: tomando con una mano la mano de su esposa y con la otra, con el torso girado, acariciando su antebrazo. Las caricias cesaron en el preciso instante en que el pitido uniforme del “monitor de signos vitales”, anunciaba que Claudio, también había dejado esta vida…

La muchacha se acercó a verificar sus signos vitales, sólo para constatar su fallecimiento. Las manos seguían entrelazadas, pero cuando intentó separarlas, no pudo hacerlo. Las enfermeras y los doctores del piso, al enterarse, se fueron arremolinando alrededor de la pareja, sin poder contener las lágrimas ante el poder de aquel gran amor…

 

El imponente Santo, en su inmaculada túnica blanca, observaba complacido la llegada de la mujer rejuvenecida. Al caminar, se armaban volutas perfectas en el vapor cálido que flotaba a pocos centímetros del suelo, ocultando los pies desnudos de quién llegaba.

- ¡Bienvenida Miriam! Te estaba esperando…  -dijo el imponente Ser con una sonrisa dibujada en su espesa barba negra.

-Hola, tú debes de ser San Pedro, ¿verdad? –dijo como si fuera lo más natural del mundo. Ella también llevaba puesta una túnica tan blanca que encandilaba.

-Estás en lo correcto… -y se quedaron platicando por un rato. De pronto San Pedro le preguntó… -Él viene contigo, ¿verdad?

Y sin voltearse a mirar, Miriam, adivinando, preguntó –Me siguió hasta aquí, ¿verdad?

-Así parece… -contestó el Santo divertido.

- ¿Qué haces tú aquí? –le preguntó mientras giraba a mirarlo.

-Te lo dije…, nunca voy a dejarte sola. No importa donde vayas, yo siempre estaré contigo… –respondió Claudio, abrazando a su esposa. Él también vestía una túnica muy prístina, y también estaba notablemente rejuvenecido. A medida que pasaba el tiempo, ellos, iban rejuveneciendo cada vez más… Si ya parecían de cincuenta…

- ¿A sí? Y entonces… ¿por qué te demoraste?

-Bueno, tú sabes cómo soy yo…, me gusta ir tranquilo. Observando lo que sucede a mi alrededor…

-Mi viejito loco…

San Pedro miraba todo divertido y satisfecho. ¡Disfrutaba tanto cuando las almas buenas llegaban al cielo!

-Bien, cuando quieran, pueden pasar al cielo –indicó el Santo –allí los esperan unos ángeles cadetes, que los acompañarán a sus aposentos y les mostrarán los amenities. ¡Qué tengan una feliz vida eterna…!

Claudio pasó su brazo alrededor del cuello de Miriam y juntos atravesaron el gran portal celestial.

-Me preocupan los chicos… (qué chicos, ni qué chicos… Si el más joven pasa ya los treinta) –dijo Claudio.

-No te preocupes… Desde aquí los podremos cuidar mucho mejor que antes. Y ya verás… ya encontraré yo la forma de actuar en sus vidas…

 San Pedro escuchó lo que platicaban mientras se alejaban y dejó escapar una sonora carcajada…



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