¡¡¡Basta de Los Andaluins!!!! Sé que muchos están pensando eso… Por eso, en esta entrega, volvemos a la dulzura de los cuentos infantiles… Del libro inédito: Los cuentos de Tita, la hormiga, llega hoy para todos ustedes… ¡Bebo, el directos babosa! (Aplausos!!!) Gracias, gracias… ¿A quién no le pasó una cosa como esta, ¿no?

 

Los cuentos de Tita la hormiga.

capítulo tres  :

Bebo, el director babosa…

 

No saben lo que me pasó el otro día… Estaba llegando tarde a clases, por lo que venía corriendo… ¡Perdón…! soy Tita, la hormiguita… ¿Cómo están? Bueno… como les estaba contando…, estaba llegando tarde a clases por lo que venía corriendo cuando entré al colegio de Villa Bicho, ¡y no me vengo a cruzar con el director Bebo! Y antes de que me retara, le saqué un tema cualquiera, al boleo…, lo primero que se me ocurrió con tal de distraerlo y evitar que me pusiera una amonestación y tuviera que quedarme después de clases… Él siempre hace eso, cuando tiene que castigarte por algo te pone penitencias para después de clases: qué limpia la vitrina de los trofeos, que acomoda los bancos del salón, que junta los papeles del patio… ¡Uffff, qué plomo!

Y yo siempre hago lo mismo, cuando quiero evitar alguna discusión o buscar que alguien se distraiga de lo que venía pensando, ¡zás! Le zampo cualquier tema… Lo que no estoy segura es de lograr siempre mis objetivos y a veces meto un poco la pata… Como en ésta oportunidad que Bebo, el director babosa, se molestó un poco conmigo…

¿Ahhh, no les dije? ¡El director del colegio es una babosa…!

-…dicen que las babosas son caracoles que perdieron su cascarón… -le zampé de una cuando abría la boca para rezongarme y seguramente asignarme mi merecida penitencia.

-… este… ¿qué?... No… ¡Claro que no! ¡Qué disparate es ese? Yo puedo decirte que eso no es cierto… -dijo el Dire reponiéndose de su primer momento de estupor.

-¿Cómo puede estar tán seguro? –pregunté al verle “caer” en mi treta.

-Oye, Tita… ¿ya me has visto? ¡Soy una babosa! ¿No crees que sabría algo como eso?

-Y eso confirma la leyenda… ¡No tienes tu caparazón!

-¿Y no la tengo porque…? –intentó hacerme entender… ¡Pobre!

-¡Porque la perdiste! ¿Cómo pudiste perder algo táááán grande?

-¡Porque nunca la tuve! –dijo perdiendo la paciencia…

-¿Tus padres no te compraron una? –insistí.

-Mis padres no tienen nada que ver con esto…

-¿Entonces te la robaron al nacer? ¡Quién pudo ser tán malvado!

Bebo la babosa miró al cielo fastidiado, como pidiendo ayuda al creador de todos los insectos para poder escapar de aquella discusión sin sentido.

-Pequeña hormiguita… -dijo con toda la paciencia que pudo juntar. –Presta atención a lo que tengo que decirte. Las babosas no tenemos cascarón. Es así de simple. No perdimos, ni prestamos, ni nos robaron nada…

-¡Eso no puede ser…! ¡Si son iguales! –dije con aire convencido. –¿Tienes la piel húmeda?

-Puedes ver que sí…                                     


-Y no tienes patas…

-Eso es evidente…

-Tampoco tienes huesos…

-Nop…

- ¿Y tienes que segregar baba para poder desplazarte suavemente sobre ella?

-Así es… ¿Cómo es que sabes tanto sobre nosotros?

- ¡Es que me encanta Animal Planet…!

 -Eso lo explica… ¿Por qué no puedes ver Bob Esponja como el resto de los niños? ¿Y a dónde quieres llegar con todo esto?

-A que eres idéntico al Caracol. Por lo tanto tiene que haber un caparazón libre por allí esperándote…

- ¡Por Clom, dios inventor de las antenas… Sí que eres insistente! Y dime, pequeña sabelotoda… ¿No notas ninguna diferencia entre nosotros? -dijo señalando sus ojos (no me pregunten cómo hizo para señalárselos ya que no tiene ni una sola extremidad, pero lo hizo. Nosotros los insectos sabemos entendernos)

- ¡Oh, los ojos! ¿Qué pasa con ellos? Son igualitos a los de los caracoles, Dire…

- ¡Cómo que igualitos! –dijo levantando la voz ya casi fuera de sí- ¡Los ojos de los Caracoles son más largos, saltones y extensibles!

- ¡Oh, pero ellos han desarrollado ojos más largos justamente por eso! Si tú tuvieras tu cascarón también los tendrías más largos… -dije sin ver demasiado la diferencia, para mí los ojos de los caracoles y de las babosas son idénticos, o nunca me fijé demasiado en ellos. Prometo hacerlo…

-¿Pero qué estás diciendo?  ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?

-¿De qué otra forma podría el Caracol mirar hacia atrás con esa casa que lleva sobre sus espaldas, sin tener esos ojos bien largos? Porque yo no he visto que lleven espejos retrovisores…

-¿Sabes qué? –dijo la Bebo el director. –Tienes razón… Las babosas y los caracoles somos la misma cosa.

-Entonces tienes que ir en busca de tu casa… no querrás ser un paria por el resto de tu vida…

 

El Dire siguió su camino bufando de la impotencia mientras murmuraba: ¡No intentes discutir con un necio!! Jamás reconocerá cuando está equivocado, e intentará convencerte a toda costa, que tiene razón… Hay mejores cosas para hacer que enfrascarse en discusiones vanas.

Y yo me libré de mi penitencia… ¡Esta vez sí que me sirvió mi estrategia…!

 

¡Espero que te haya gustado!!!

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¡Graciaaaaas!!!!


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