¡¡¡Basta de Los Andaluins!!!! Sé que muchos están pensando eso… Por eso, en esta entrega, volvemos a la dulzura de los cuentos infantiles… Del libro inédito: Los cuentos de Tita, la hormiga, llega hoy para todos ustedes… ¡Bebo, el directos babosa! (Aplausos!!!) Gracias, gracias… ¿A quién no le pasó una cosa como esta, ¿no?
Los cuentos de
Tita la hormiga.
capítulo
tres :
Bebo, el
director babosa…
Y yo siempre hago lo mismo,
cuando quiero evitar alguna discusión o buscar que alguien se distraiga de lo
que venía pensando, ¡zás! Le zampo cualquier tema… Lo que no estoy segura es de
lograr siempre mis objetivos y a veces meto un poco la pata… Como en ésta
oportunidad que Bebo, el director babosa, se molestó un poco conmigo…
¿Ahhh, no les dije? ¡El
director del colegio es una babosa…!
-…dicen que las babosas son
caracoles que perdieron su cascarón… -le zampé de una cuando abría la boca para
rezongarme y seguramente asignarme mi merecida penitencia.
-… este… ¿qué?... No… ¡Claro
que no! ¡Qué disparate es ese? Yo puedo decirte que eso no es cierto… -dijo el
Dire reponiéndose de su primer momento de estupor.
-¿Cómo puede estar tán
seguro? –pregunté al verle “caer” en mi treta.
-Oye, Tita… ¿ya me has
visto? ¡Soy una babosa! ¿No crees que sabría algo como eso?
-Y eso confirma la leyenda…
¡No tienes tu caparazón!
-¿Y no la tengo porque…?
–intentó hacerme entender… ¡Pobre!
-¡Porque la perdiste! ¿Cómo
pudiste perder algo táááán grande?
-¡Porque nunca la tuve!
–dijo perdiendo la paciencia…
-¿Tus padres no te compraron
una? –insistí.
-Mis padres no tienen nada
que ver con esto…
-¿Entonces te la robaron al
nacer? ¡Quién pudo ser tán malvado!
Bebo la babosa miró al cielo
fastidiado, como pidiendo ayuda al creador de todos los insectos para poder
escapar de aquella discusión sin sentido.
-Pequeña hormiguita… -dijo
con toda la paciencia que pudo juntar. –Presta atención a lo que tengo que
decirte. Las babosas no tenemos cascarón. Es así de simple. No perdimos, ni
prestamos, ni nos robaron nada…
-¡Eso no puede ser…! ¡Si son
iguales! –dije con aire convencido. –¿Tienes la piel húmeda?
-Puedes ver que sí…
-Y no tienes patas…
-Eso es evidente…
-Tampoco tienes huesos…
-Nop…
- ¿Y tienes que segregar
baba para poder desplazarte suavemente sobre ella?
-Así es… ¿Cómo es que sabes
tanto sobre nosotros?
- ¡Es que me encanta Animal
Planet…!
-Eso lo explica… ¿Por qué no puedes ver Bob
Esponja como el resto de los niños? ¿Y a dónde quieres llegar con todo esto?
-A que eres idéntico al
Caracol. Por lo tanto tiene que haber un caparazón libre por allí esperándote…
- ¡Por Clom, dios inventor
de las antenas… Sí que eres insistente! Y dime, pequeña sabelotoda… ¿No notas
ninguna diferencia entre nosotros? -dijo señalando sus ojos (no me pregunten
cómo hizo para señalárselos ya que no tiene ni una sola extremidad, pero lo
hizo. Nosotros los insectos sabemos entendernos)
- ¡Oh, los ojos! ¿Qué pasa
con ellos? Son igualitos a los de los caracoles, Dire…
- ¡Cómo que igualitos! –dijo
levantando la voz ya casi fuera de sí- ¡Los ojos de los Caracoles son más
largos, saltones y extensibles!
- ¡Oh, pero ellos han
desarrollado ojos más largos justamente por eso! Si tú tuvieras tu cascarón
también los tendrías más largos… -dije sin ver demasiado la diferencia, para mí
los ojos de los caracoles y de las babosas son idénticos, o nunca me fijé
demasiado en ellos. Prometo hacerlo…
-¿Pero qué estás
diciendo? ¿Qué tiene que ver una cosa
con otra?
-¿De qué otra forma podría
el Caracol mirar hacia atrás con esa casa que lleva sobre sus espaldas, sin tener
esos ojos bien largos? Porque yo no he visto que lleven espejos retrovisores…
-¿Sabes qué? –dijo la Bebo
el director. –Tienes razón… Las babosas y los caracoles somos la misma cosa.
-Entonces tienes que ir en
busca de tu casa… no querrás ser un paria por el resto de tu vida…
El Dire siguió su camino
bufando de la impotencia mientras murmuraba: ¡No intentes discutir con un necio!! Jamás reconocerá cuando está equivocado, e intentará convencerte a toda costa,
que tiene razón… Hay mejores cosas para hacer que enfrascarse en discusiones
vanas.
Y yo me libré de mi
penitencia… ¡Esta vez sí que me sirvió mi estrategia…!
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